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Recuerdo... Viaje a La Serena

La Serena

Esto pasó hace varios años, en una de las empresas en la que trabajé.

Tenía fecha para cambiarme de trabajo para una semana más, había harto trabajo y me pidieron apoyo para ir a La Serena en un camión 3/4 a dejar impresoras para un proyecto. Iba con un compañero, que también manejaba, la idea era turnarnos en la conducción o uno de ida y el otro de vuelta.

Nos juntaríamos a las 6 de la mañana en la oficina para ir a buscar el camión e irnos.

La noche previa no dormí, preocupación, ansiedad, no lo sé, pero no dormí nada, me daba vueltas en la cama, veía el celular, más vueltas y ya eran las 4. Me levanté y preparé el desayuno y unos sanguchitos para el camino.

Nos juntamos a la hora acordada y nos fuimos rumbo a La Serena. El viaje, tranquilo, conversamos, comentamos situaciones de la pega, bonito paisaje y yo sin dormir.

Llegamos a La Serena, hicimos una parada táctica para liberar a Willy y la hidratación y llamar al contacto.

Para no hacer tan larga la historia, resumo en que entregamos las máquinas en varias direcciones, nos juntamos con el contacto, un técnico de la zona y el vendedor a almorzar, hicimos otras gestiones aprovechando que estábamos en la región y ya era la hora de volver a Santiago.

Me tocaba mi turno al volante, a eso de las 6 de la tarde desde La Serena a Santiago el paisaje toma un contraste más colorido, por lo que la conducción se hizo placentera.

Llevaba ya un par de horas conduciendo, mi compañero se había relajado y dormido un rato, yo cantaba, pensaba en lo que quedaba de viaje, pensaba... pensaba... relajo... me hizo reaccionar un bocinazo, no había perdido el control del camión ni nada, tampoco cerré los ojos, sólo mi mente divagó y se fue no sé dónde, perdí la concentración... me asusté y retomé el manejo.

Mi compañero en ese momento no se dio cuenta, al rato despertó y conversamos:

- Cómo vas?- me preguntó.
- Bien, todo bien.

Iba bien, eso creía por lo menos, hasta que luego de algunas horas después del suceso anterior, no me di cuenta de la velocidad a la que iba hasta que mi compañero me dice:

- Bájale, la caja se mueve mucho al tomar las curvas.

Ahí me dí cuenta que me había ido, mi mente volvió a reaccionar y poner los sentidos en la ruta.

Llegamos a Santiago sin novedad, era cerca de la medianoche, guardamos el camión y mi compañero me fue a dejar a mi casa en su vehículo.

En casa dormí hasta el mediodía.

Como moraleja, no hay que conducir viajes largos con sueño, para este viaje estuve más de 36 horas sin dormir, afortunadamente no pasó nada que tuviera consecuencias graves.