Mi vida laboral ha estado ligada al servicio en terreno durante mucho tiempo, con pausas de algunos años pero de una u otra forma vuelvo a la calle.
En una de las empresas en las que he trabajado, tuve que ir a La Ligua a hacer un servicio técnico de impresión a un par de clientes de la zona, la idea era ir al día siguiente lo más temprano posible. Para esto, me llevé la camioneta de la empresa para la casa obviamente para salir tempranito.
Eran las 5 de la mañana, estaba tomando desayuno, la idea era salir a las 6 para estar entre 8 y 8:30 en La Ligua.
Chaqueta, mochila, llaves de la camioneta y rumbo a La Ligua.
El viaje fue tranquilo, me carga conducir de noche, las luces de los vehículos de frente me molestan, pero a pesar de eso, fue un viaje tranquilo, relajado.
Llegué a mi primer destino a eso de las 8:15, por lo que me tocó esperar hasta las 9 para completarlo. El servicio, por lo que me acuerdo, no me tomó mucho tiempo por lo que a las 9:30 aprox ya estaba listo para ir al segundo, a pocas cuadras de ahí.
Recuerdo que me compré un cargador de celular para auto que me costó 2 mil pesos y salió buenísimo, me duró varios años hasta que lo perdí, o creo que lo tengo en mis cachureos, en fin.
Llegué al segundo servicio y también fue rápido, 20 minutos y fuera.
Cómo recién eran las 10 de la mañana, pasé a tomar un café con un sandwich en uno de esos carros de completos a orillas de camino. Estando en eso, relajado, me piden que vaya a un servicio urgente en… San Bernardo.
-QUE???? San Bernardo??? estoy en La Ligua, a más de 140 KM y además tenía que estar a las 13 horas en el sitio. Una solicitud casi imposible de cumplir sin tener que "volar".
Luego de conversar con mi jefe de ese entonces (que, dicho sea de paso, por cosas de la vida, terminó trabajando para mí en otra empresa) le expliqué la situación, vimos alternativas, no había muchas, la opción era yo, no era por temas de disponibilidad o disposición, sino más bien por lo complejo del servicio, que hasta ese momento no había quién resolviera.
Me terminé el café y el sandwich, una bebida y galletas para el camino, de nuevo a la camioneta con rumbo a Santiago. Obviamente pasé a comprar los típicos dulces de La Ligua para llevar a mi casa y por encargos de compañeros.
Eran las 11 de la mañana, música fuerte para no dormirme. Según yo, iba a la velocidad autorizada, 120 KM/h, pero me llamó la atención que estaba pasando a los vehículos de la pista rápida como si estuvieran circulando a 80... hasta que vi el velocímetro y este marcaba 170... Para más de alguien a lo mejor no es mucho, pero conducir a esa velocidad es irresponsable y temerario... pero seguí a esa velocidad en los tramos que fuera recto, sin mucho tráfico, sin curvas.
Llegué a la oficina pasadito las 12, mi jefe me mira y me dice con cara de asombro:
- Y tú??
- Hola, vengo a buscar unas herramientas y me voy a San Bernardo.
- A cuánto te viniste.
- A 120, no se puede más.
- Reviso el sistema? (monitoreo de las camionetas)
- Nooo, pa que??
El monitoreo indicaría otra cosa, pero bueno, no pasó de ahí.
Me fui a San Bernardo, estuve como 40 minutos, y de vuelta a la oficina.
Esta historia no tiene un cierre o una moraleja, sólo la cuento como anécdota de lo poco que me demoré.